Provincia de Salta
Trip Start
Oct 28, 2006
1
26
29
Trip End
Jun 25, 2007
Realizamos unos cuantos kilómetros de la ruta 40 y más de una vez no estábamos seguros de estar en la huella correcta. Se nota que no se transita mucho esta ruta de tierra y por lo tanto se pierde algo el trazo. Nos encontramos con barro, tierra suelta, piedritas... pero lo más impresionante de este tramo fue una cortada en el camino construida por la madre naturaleza gracias a una fuente de agua. Claudio no la vio y la cabeza de Cecilia fue quién más la sintió. En realidad no sabemos bien que fue lo que dijo la Montero Sport de este movimiento tan "deportivo" pero inesperado. Nos detuvimos para ver si no habíamos perdido nada, pero nos olvidamos de sacar una foto a la cortada.
De aquí en adelante tomamos un poco más de cuidado, aunque solamente por ese día, hasta llegar a San Antonio de los Cobres. El lugar es un pueblo pequeño. Encontramos allí la oficina de turismo donde nos facilitaron información sobre la zona y también información sobre donde alojarnos. La oficina de turismo tiene también dos cuartos con baño compartido que la ofrece para los turistas, pero decidimos instalarnos en el hotel De las Nubes de $180 pesos por una noche por los tres y $70 pesos por una súper cena en el mismo hotel; también para los tres.
No se veía mucha gente en San Antonio de los Cobres, estaba lloviznando y llegamos justo antes de que oscureciera. ¡Se escuchaba la soledad en San Antonio de los Cobres! Al día siguiente, a pesar del clima, que continuaba algo fresco, nublado y lluvioso, salimos igualmente hasta el Viaducto la Polvorilla. Éste era el punto final del recorrido del Tren de las Nubes, que actualmente se encuentra suspendido. Subimos todos los escalones hasta arriba del puente, con mal de altura (que sentía Cecilia), viento frío y una llovizna interminable. La vista es hermosa desde allí arriba y daban ganas de seguir la vía del tren hasta el final, pero el auto estaba abajo y había que llegar a él; y el clima no cambiaba.
Como nos informaron de que la ruta 40 desde San Antonio de los Cobres hasta Cachi estaba en muy mal estado por la lluvia, y como también queríamos llegar a Salta capital, desviamos nuestro recorrido por la ruta 51. En este tramo nos encontramos con pavimento a excepción de unos 25 kilómetros que son muy sinuosos; por montaña y bordeando el río Rosario. Hay unas vistas muy bonitas en ese recorrido y el camino estaba en buen estado.
Finalmente llegamos a Salta, un domingo tarde a la tarde. Había poco gente dando vueltas por la ciudad y llegamos bien al hotel (Mar Charbel, de $110 pesos por noche por tres personas en dos habitaciones). Dejamos todo y nos fuimos a caminar por la feria que en la ciudad se realiza todos los domingos.
Al día siguiente la tarea fue encontrar un buen gomero y un lugar donde Claudio pudiera arreglar el bombín del embrague de la Montero, el cuál creemos se dañó en el salar de Uyuni en Bolivia. Finalmente se arregló todo. En la gomería nos atendieron muy bien, arreglaron la cubierta agujereada y realizaron la rotación de todas las cubiertas. Por el tema del bombín, Claudio fue a la concesionaria de Mitsubishi donde habló con el mecánico y entre los dos arreglaron el problema.
Recorrimos la ciudad de Salta que es muy linda aún bajo una llovizna tenue. Por la noche cenamos en el restaurante de los amigos de Claudio donde entre otras cosas nos sirvieron empanadas. ¡Qué ricas que son las empanadas salteñas!
Al día siguiente nos encontramos con el viajero de Dallas que conocimos en Uyuni, Bolivia. Salimos juntos a caminar y recorrer distintos lugares y edificios de la ciudad capital. Un museo que disfrutamos mucho fue el Museo Arqueológico de Alta Montaña el cual alberga a los Niños de Llullailloco, tres cuerpos de niños momificados (vimos solo a uno de ellos) de hace más de cinco siglos de antigüedad. Esa misma noche fuimos al Boliche Balderrama, porque dicen que si no conocés Balderrama no conocés Salta. Fue un show foklórico muy lindo, con bailarines, cantantes, y músicos, y por supuesto, cena. Escuchamos melodías típicas, cantamos algunas y tarareamos otras. Nos invitaron a bailar, pero no damos para tanto. Fue una linda manera de despedirnos de la ciudad de Salta.
Partimos de la ciudad de Salta a la mañana siguiente por la ruta 68 al sur, hasta llegar a la localidad de El Carril. De ahí tomamos la ruta 33 al oeste, hasta Payogasta donde nuevamente empalmamos con la ruta 40 a Cachi. En el camino entramos al Parque Nacional Los Cardones, donde nuevamente es muy lindo el paisaje. No solamente se ven muy lindas y coloridas las montañas y la vegetación llama mucho la atención, sino que también el cielo llama mucho la atención. Tanto en Salta, como en Jujuy y en Bolivia, las formaciones de nubes que se ven son realmente impresionantes. Un cielo azul-celeste intenso con unas inmensas nubes blancas que casi irradian luz. ¡No se ven dos nubes iguales! De más está aclarar que este hermoso cielo se puede observar cuando no llueve.
En las subidas del Parque Nacional realizamos una parada técnica; esta vez le tocó al auto de Carmelo descomponerse. Son los frenos que no están respondiendo correctamente y que arreglan antes de recorrer las bajadas del camino. Lo arreglaron con una manguera de jardín y un pedazo de alambre de fardo.
Llegamos a Cachi bien y con ganas de almorzar. El pueblo estaba lleno de jóvenes; parece que es un lugar muy visitado por veraneantes y con bastante trascendencia. Recorrimos la plaza donde muchos artesanos exponían sus trabajos para la venta y donde Claudio compró una rica "torta frita" pero a la parrilla; lástima que no recordamos como se llama. Dimos algunas vueltas y continuamos viaje a Cafayate.
Retomamos la ruta 40 que sigue siendo una ruta de tierra bordeando el río Calchaquí hasta San Carlos. Acá tomamos el primer pavimento en la ruta 40. ¡Pavimento, civilización, que gran cosa!
Cafayate ya es una ciudad, con mucho, pero mucho turismo. Las calles son anchas lo que facilita el tránsito de tanta gente. Nos costó encontrar un hotel donde quedarnos pero por suerte encontramos uno frente a la plaza por $150 pesos por los tres. Lo llaman departamentito dentro del hotel. Salimos a cenar por $58 pesos los tres.
A la mañana siguiente Carmelo salió tempranito a comprar vinos mientras Claudio y Cecilia dormían. Nos reencontramos y recorrimos un poco la ciudad. Más tarde partimos siempre al sur por la ruta 40 pasando por varios viñedos y Salta se terminó.
No nos vamos a cansar de decir lo vistoso que es Salta, con sus paisajes muy coloridos; no por nada le dicen ¡Salta la Linda!.
De aquí en adelante tomamos un poco más de cuidado, aunque solamente por ese día, hasta llegar a San Antonio de los Cobres. El lugar es un pueblo pequeño. Encontramos allí la oficina de turismo donde nos facilitaron información sobre la zona y también información sobre donde alojarnos. La oficina de turismo tiene también dos cuartos con baño compartido que la ofrece para los turistas, pero decidimos instalarnos en el hotel De las Nubes de $180 pesos por una noche por los tres y $70 pesos por una súper cena en el mismo hotel; también para los tres.
No se veía mucha gente en San Antonio de los Cobres, estaba lloviznando y llegamos justo antes de que oscureciera. ¡Se escuchaba la soledad en San Antonio de los Cobres! Al día siguiente, a pesar del clima, que continuaba algo fresco, nublado y lluvioso, salimos igualmente hasta el Viaducto la Polvorilla. Éste era el punto final del recorrido del Tren de las Nubes, que actualmente se encuentra suspendido. Subimos todos los escalones hasta arriba del puente, con mal de altura (que sentía Cecilia), viento frío y una llovizna interminable. La vista es hermosa desde allí arriba y daban ganas de seguir la vía del tren hasta el final, pero el auto estaba abajo y había que llegar a él; y el clima no cambiaba.
Como nos informaron de que la ruta 40 desde San Antonio de los Cobres hasta Cachi estaba en muy mal estado por la lluvia, y como también queríamos llegar a Salta capital, desviamos nuestro recorrido por la ruta 51. En este tramo nos encontramos con pavimento a excepción de unos 25 kilómetros que son muy sinuosos; por montaña y bordeando el río Rosario. Hay unas vistas muy bonitas en ese recorrido y el camino estaba en buen estado.
01 Salta
Continuamos hasta la ciudad de Salta donde antes de llegar tuvimos nuestro primer evento no deseado del viaje. A unos 12 ó 15 kilómetros antes de llegar a Salta, Carmelo que venía conduciendo atrás nuestro, nos anuncia que tenemos una cubierta baja. Claudio, nada contento, exclama algo irrepetible. Pasa que en Oklahoma, con el vehículo ya totalmente cargado se da cuenta que el críquet para levantar el vehículo quedó en un lugar muy incómodo, casi inalcanzable sin bajar gran parte del equipaje. Paramos y Claudio sacó el mameluco que compramos en Bolivia. Asombrados nos quedamos cuando nos damos cuenta que sin mucho trabajo llegamos al críquet; claro está que ayudó mucho que Carmelo estuviese con nosotros. Se cambió la cubierta y encontramos con que tenía gran agujero. No fue un clavo lo que pasamos por arriba, fue definitivamente algún hierro del pavimento, o algo muy parecido a ello.Finalmente llegamos a Salta, un domingo tarde a la tarde. Había poco gente dando vueltas por la ciudad y llegamos bien al hotel (Mar Charbel, de $110 pesos por noche por tres personas en dos habitaciones). Dejamos todo y nos fuimos a caminar por la feria que en la ciudad se realiza todos los domingos.
Al día siguiente la tarea fue encontrar un buen gomero y un lugar donde Claudio pudiera arreglar el bombín del embrague de la Montero, el cuál creemos se dañó en el salar de Uyuni en Bolivia. Finalmente se arregló todo. En la gomería nos atendieron muy bien, arreglaron la cubierta agujereada y realizaron la rotación de todas las cubiertas. Por el tema del bombín, Claudio fue a la concesionaria de Mitsubishi donde habló con el mecánico y entre los dos arreglaron el problema.
Recorrimos la ciudad de Salta que es muy linda aún bajo una llovizna tenue. Por la noche cenamos en el restaurante de los amigos de Claudio donde entre otras cosas nos sirvieron empanadas. ¡Qué ricas que son las empanadas salteñas!
Al día siguiente nos encontramos con el viajero de Dallas que conocimos en Uyuni, Bolivia. Salimos juntos a caminar y recorrer distintos lugares y edificios de la ciudad capital. Un museo que disfrutamos mucho fue el Museo Arqueológico de Alta Montaña el cual alberga a los Niños de Llullailloco, tres cuerpos de niños momificados (vimos solo a uno de ellos) de hace más de cinco siglos de antigüedad. Esa misma noche fuimos al Boliche Balderrama, porque dicen que si no conocés Balderrama no conocés Salta. Fue un show foklórico muy lindo, con bailarines, cantantes, y músicos, y por supuesto, cena. Escuchamos melodías típicas, cantamos algunas y tarareamos otras. Nos invitaron a bailar, pero no damos para tanto. Fue una linda manera de despedirnos de la ciudad de Salta.
Partimos de la ciudad de Salta a la mañana siguiente por la ruta 68 al sur, hasta llegar a la localidad de El Carril. De ahí tomamos la ruta 33 al oeste, hasta Payogasta donde nuevamente empalmamos con la ruta 40 a Cachi. En el camino entramos al Parque Nacional Los Cardones, donde nuevamente es muy lindo el paisaje. No solamente se ven muy lindas y coloridas las montañas y la vegetación llama mucho la atención, sino que también el cielo llama mucho la atención. Tanto en Salta, como en Jujuy y en Bolivia, las formaciones de nubes que se ven son realmente impresionantes. Un cielo azul-celeste intenso con unas inmensas nubes blancas que casi irradian luz. ¡No se ven dos nubes iguales! De más está aclarar que este hermoso cielo se puede observar cuando no llueve.
En las subidas del Parque Nacional realizamos una parada técnica; esta vez le tocó al auto de Carmelo descomponerse. Son los frenos que no están respondiendo correctamente y que arreglan antes de recorrer las bajadas del camino. Lo arreglaron con una manguera de jardín y un pedazo de alambre de fardo.
Llegamos a Cachi bien y con ganas de almorzar. El pueblo estaba lleno de jóvenes; parece que es un lugar muy visitado por veraneantes y con bastante trascendencia. Recorrimos la plaza donde muchos artesanos exponían sus trabajos para la venta y donde Claudio compró una rica "torta frita" pero a la parrilla; lástima que no recordamos como se llama. Dimos algunas vueltas y continuamos viaje a Cafayate.
Retomamos la ruta 40 que sigue siendo una ruta de tierra bordeando el río Calchaquí hasta San Carlos. Acá tomamos el primer pavimento en la ruta 40. ¡Pavimento, civilización, que gran cosa!
Cafayate ya es una ciudad, con mucho, pero mucho turismo. Las calles son anchas lo que facilita el tránsito de tanta gente. Nos costó encontrar un hotel donde quedarnos pero por suerte encontramos uno frente a la plaza por $150 pesos por los tres. Lo llaman departamentito dentro del hotel. Salimos a cenar por $58 pesos los tres.
A la mañana siguiente Carmelo salió tempranito a comprar vinos mientras Claudio y Cecilia dormían. Nos reencontramos y recorrimos un poco la ciudad. Más tarde partimos siempre al sur por la ruta 40 pasando por varios viñedos y Salta se terminó.
No nos vamos a cansar de decir lo vistoso que es Salta, con sus paisajes muy coloridos; no por nada le dicen ¡Salta la Linda!.
02 Salta

